Mayo 2017

 

El malestar

En su Regla para Monasterios San Benito dice que el abad debe actuar como un médico sabio. Su punto es que los monjes son hombres enfermos, algunos de una manera otros de otra. Creo que Benito estaría de acuerdo en que el abad no es una excepción y le diría: "Médico, cúrate a ti mismo." Pero el hecho es que los monjes son hombres y es la condición humana estar enfermo. Entonces, Benito es simplemente realista cuando dice que los monjes deben mantener la muerte siempre ante sus ojos. Es el malestar crónico de nuestra condición mortal lo que hace la comprensión de Jesús de su propia vocación sea aún más atractiva: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia." Tal vocación sería inútil si cada hombre y mujer ya tuviera la plenitud de vida tal como es. Nuestra vida siempre tiene algo del color de la muerte e incluso del color de la misma. San Benito describe al monje enfermo de varias maneras, pero estas puden ser aplicadas a cua cualquiera persona, no sólo a monjes y monjas. El monje enfermo es vagabundo; flota sin dirección; no sabe dónde está; a veces está simplemente fuera de su profundidad, incluso sin propria culpa; sin prestar atención, tiende a cometer errores; vale decir que hay algo en él que es más malo que bueno. ¿Cuál es el remedio para esta enfermedad? ¿Aislamiento? ¿Castigo? ¿Vergüenza? ¿Ridículo? No. Para San Benito, el remedio es el consuelo. Benito utiliza el latín, consolari, cum y solus. Estar enfermo es ser solitario, solo. El remedio, entonces, es estar "con", cum, esa persona en su soledad, para que ya no esté solo, sino más bien completo. Y esta totalidad que proviene de una compañía consoladora pone el sonrojo de "vida abundante" en las mejillas de la persona enferma, e incluso en sus labios una sonrisa.

Fr. Mark

 

Author: Fr. Mark Scott

Tags: el malestar

This simple communication is one way for me as abbot of New Melleray Abbey to communicate with the abbey’s employees and volunteers. My intention is to give our stakeholders some idea of the values and lifestyle of the monks and to share things that I have found worthwhile, thoughtful, and/or humorous. It is hoped that this sharing from the abbot will strengthen the bonds of partnership and collaboration between the monastic community and our extended community of employees and volunteers.

Fr. Mark

Abbot